Sentada en frente del mar siempre solía reflexionar sobre sus costumbre y la forma en la que veía la vida y la manera en la que la planteaba. La soledad acompañada de ese dulce olor, del tacto de la arena y del sonido de las olas chocando, sin duda alguna era el mejor momento que tenía después de un ajetreado día. Las responsabilidades le invadían y a quien no, pero lo sabía llevar tan bien que era admirable su serenidad ante los momentos más alterados. Transmitía paz con su dulce mirada y alegría con su sonrisa picara. No dejaba que le afectara nada, pues ella vivía con el animo indomable...
Ixel.

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